Un nuevo modelo de gestión pública

Una de las primeras definiciones de Open Government que se han formulado corresponde a Javier Llinares, que la define así en su blog:

Open Government (oGov) es la forma de relacionarse entre la Administración Pública y los ciudadanos, que se caracteriza por el establecimiento de canales de comunicación y contacto directo entre ellos.

Una oGov es aquella que entabla una constante conversación con los ciudadanos con el fin de oír lo que ellos dicen y solicitan, que toma decisiones basadas en sus necesidades y preferencias, que facilita la colaboración de los ciudadanos y funcionarios en el desarrollo de los servicios que presta y que comunica todo lo que decide y hace de forma abierta y transparente.

¿Cómo conseguir que una Administración Pública pase a ser una oGov? Para conseguirlo son necesarios una serie de cambios en diversos ámbitos:

  • Cultural: Es imprescindible entender cual es el objetivo de la Administración y de todos los que trabajan en ella. El verdadero objetivo de la Administración es servir a los ciudadanos y el ciudadano debe estar en el centro de la gestión. Conseguir esto en la Administración Pública significa una revolución cultural en la forma de hacer las cosas y en las actitudes de los trabajadores de lo público.
  • Procesos: Los procesos en la Administración Pública no han sido diseñados para servir a los ciudadanos y por lo tanto deben reingeniarse todos los procesos para conseguir que así sea. Si los procedimientos no son cómodos para el ciudadano o no le ayudan en nada, hay que eliminarlos o cambiarlos.
  • Organización: Las organizaciones públicas están diseñadas bajo modelos jerárquicos que nada tienen que ver con la eficiencia. Es imprescindible reorganizar las administraciones, las plantillas y la definición de los puestos de trabajo para poder actuar bajo un modelo en red, orientado a proyectos y a la consecución de resultados.
  • Formas de relación: Del mostrador a la mesa redonda, del correo certificado a la comunicación on-line, de la obligación a la presencia física a las facilidades de relación, etc.

Iñaki Ortiz amplía el análisis sobre el Open Government en el blog Administraciones en red:

El concepto de oGov apela a un modelo de administración en la que lo relacional cobra principal protagonismo. Una administración “open” se abre a la ciudadanía, pero también a las demás administraciones, y a otras organizaciones colaboradoras. Lo “open” tiene mucho que ver con la red. Una administración “open” es una administración en red.

¿Cuáles son los rasgos definitorios del oGov?

  • Las administraciones “open” escuchan las conversaciones que ya se están produciendo en la red sobre lo público, contribuyendo en ellas cuando su aportación pueda enriquecer la iniciativa surgida desde la ciudadanía.
  • Las administraciones “open” conversan con la ciudadanía, promoviendo su participación activa y teniendo en cuenta su opinión en la toma de decisiones.
  • Las administraciones “open” conversan entre sí, colaborando en el diseño y en la ejecución de las políticas públicas, en el diseño y en la prestación de los servicios públicos, y compartiendo recursos y servicios comunes.
  • Las administraciones “open” conversan con las organizaciones colaboradoras, con y sin fines de lucro, estableciendo alianzas de colaboración público-privada generadoras de valor social.
  • Las administraciones “open” comparten la información y el conocimiento, con el único límite de la protección y privacidad de los datos, y promueven la cultura colaborativa de la ciudadanía y de las empresas.
  • Las administraciones “open” utilizan y promueven la utilización de las herramientas de la web 2.0 y del software libre, favoreciendo un rol activo de la ciudadanía en la generación de contenidos y contribuyendo al desarrollo de programas de uso gratuito para la comunidad.
  • Las administraciones “open” promueven la generación del contexto adecuado en el que aflore la iniciativa social y se produzcan conversaciones entre la ciudadanía, las empresas, las organizaciones sin fines de lucro y los agentes sociales en general, para obtener respuestas satisfactorias a las necesidades y demandas de la sociedad.
  • Las administraciones “open” anteponen el interés general de la ciudadanía a los particulares de los partidos políticos, los cuerpos funcionariales, los sindicatos, los lobbies empresariales y demás grupos de presión.
  • Las administraciones “open” facilitan el crecimiento personal y profesional de todas las personas involucradas en su funcionamiento, entendiendo que la administración son “personas al servicio de las personas” y que la satisfacción individual contribuye a la de la comunidad.
  • Las administraciones “open” experimentan, asumen riesgos e innovan, en un camino sin fin (beta permanente) hacia una sociedad mejor.
  • Las administraciones “open” actúan con humildad dejando al margen las viejas actitudes administrativas impreganadas por una cierta prepotencia.
  • Las administraciones “open” apuestan por fórmulas “win-win” frente a la clásica pauta del “yo produzco-tú soportas”.

¿En qué se diferencia el oGov de otros paradigmas o modelos?

Analizar lo que no es el oGov ayudará también a centrar el concepto. Para ello, lo compararemos con los paradigmas anteriores tratando de identificar las principales diferencias del oGov con esos paradigmas. Si el oGov no aportara ninguna novedad con respecto a ellos no merecería la pena darle más vueltas al nuevo concepto.

El oGov frente a la modernización administrativa

El concepto de modernización administrativa se acuñó durante las décadas de los 80 y los 90, al calor de las ideas de la nueva gestión pública (NGP). Allí estaban en 1994 David Osborne y Ted Gaebler intentando “reinventar el gobierno”, aprovechando la influencia del espíritu empresarial. Y en el mismo año Al Gore, el presidenciable norteamericano, publicó su famoso informe con el propósito de “Crear una Administración Pública que funcione mejor y que cueste menos”.

Los objetivos de la época eran ambiciosos, sin duda. Las recetas: privatizar (o, bajo denominación más digerible, externalizar servicios), introducir mecanismos de mercado en la gestión de los servicios públicos, reforzar los instrumentos de control del gasto, además de la perenne simplificación administrativa, entre otras medidas. Los resultados: después de un par de décadas, seguimos hablando de lo mismo o de cosas similares. El enfermo mejora poco (mejor diríamos la enferma, en este caso). Seguramente no se puso la venda donde estaba la herida.

De la modernización al oGov, realmente hay una gran distancia. Es cierto que la modernización pretendía situar el centro de la atención en lo que entonces se comenzó a llamar el “cliente”. El ciudadano pasaba a ser considerado un cliente y se podía dar por satisfecho si como tal era tratado. El oGov se plantea metas más ambiciosas. El rol de la ciudadanía va más allá del consumo de servicios. En la sociedad en red la ciudadanía pasa de ser una consumidora pasiva a tomar las riendas de su destino como protagonista activa del proceso de cambio. La participación ciudadana, tanto en las políticas como en los servicios públicos, se convierte en un requisito imprescindible en cualquier proceso de transformación administrativa de calado.

También la conversación en red entre las administraciones, y entra éstas y los colaboradores externos, pasa a ser un ingrediente básico del oGov. La transformación real y efectiva de las administraciones públicas implica colaboración y funcionamiento en red de todos los agentes involucrados en el proceso.

El oGov frente a la administración electrónica

Al paso alegre de las fases de Gartner (presencia, interacción, transacción y transformación), la administración electrónica estaba llamada a ser el revulsivo de la nueva modernización (si el concepto es admisible). Los esfuerzos realizados no han sido pequeños, ni el coste (en pesetas y en euros) despreciable. Lo cierto es que se ha constatado que la tecnología tiene potencia transformadora, pero ésta queda muy limitada si no va acompañada de otras medidas de índole político, normativo y organizativo. Y en ello estamos.

Es verdad que se está acercando la administración a la ciudadanía. Los portales de las administraciones suministran una cantidad ingente de información, son numerosos los formularios que pueden descargarse de Internet e, incluso, cada vez hay más procedimientos que pueden tramitarse telemáticamente. Aunque sigamos haciendo básicamente lo mismo que antes, no hay que minusvalorar el hecho de poder hacerlo desde casa. Es un primer paso muy importante. Pero que reclama, a renglón seguido, ir más allá aprovechando las oportunidades que nos brinda la tecnología para transformar realmente la administración. Y esto va a ser más difícil.

En definitiva, la administración electrónica aumenta la transparencia de la administración, facilita las gestiones administrativas de la ciudadanía y le otorga un mayor control sobre sus expedientes, pero no resuelve la asignatura pendiente de la participación, ni garantiza el funcionamiento en red de todos los agentes involucrados en “lo público”, aunque comienza a utilizar herramientas y tecnologías que pueden facilitar la transición hacia modelos más avanzados.

La administración electrónica, en la práctica, limita su alcance a la introducción de tecnología para hacer lo mismo que veníamos haciendo (como Los Supersónicos de la teleserie), pero de una forma más cómoda, evitando desplazamientos y, eso sí, facilita información que puede aumentar la transparencia y el control de los asuntos públicos por parte de la ciudadanía. Pero no aborda de una manera decidida la transformación real de las relaciones entre las administraciones, la ciudadanía, las empresas, las organizaciones sin fines de lucro y los agentes sociales en general.

La administración electrónica tampoco ha modificado sustancialmente la cultura de la propiedad privada del conocimiento y del software, aunque aporta los medios que pueden facilitar el cambio cultural. Pero éste difícilmente se producirá por el solo determinismo tecnológico, sino que necesitará de una estrategia que lo promueva conscientemente. La cultura de compartir y de colaborar es un rasgo básico del oGov.

El oGov frente a la gobernanza

En paralelo con el desarrollo de la administración electrónica ha surgido el potente paradigma de la gobernanza, que introduce buena parte de las bases teóricas del oGov. Pero, ¿Qué es la gobernanza? Dejemos que sea la voz autorizada de Joan Prats la que responda a esta pregunta:

“Desde mediados de los 90, especialmente en Europa, ha ido emergiendo un consenso creciente en torno a que la eficacia y la legitimidad del actuar público se fundamenta en la calidad de la interacción entre los distintos niveles de gobierno y entre éstos y las organizaciones empresariales y de la sociedad civil. Los nuevos modos de gobernar en que esto se plasma tienden a ser reconocidos como gobernanza, gobierno relacional o en redes de interacción público-privado-civil a lo largo del eje local/global. La reforma de las estructuras y procedimientos de las Administraciones Públicas pasan a ser consideradas desde la lógica de su contribución a las redes de interacción o estructuras y procesos de gobernanza”.

Ya veis que la gobernanza apunta buenas maneras. Focaliza su atención en las interacciones entre los distintos agentes que intervienen en la gestión de lo público. También el oGov va por ahí. Pero, ¿qué aporta el oGov con respecto a la gobernanza? Desde mi punto de vista, el oGov tiene mucho que ver con el dospuntocerismo, con lo que emerge desde la base, con el aprovechamiento del efecto red que consigue generar, por interacción entre las partes, un resultado mayor que la suma de las partes. El oGov tiene que ver con la confianza en las personas, con tratarles como adultos y con que se comporten como tales, asumiendo un rol activo y participativo. El oGov tiene que ver con colaborar y con compartir, con la revisión del modelo de propiedad del conocimeinto. El oGov tiene que ver con el cambio de la cultura del trabajo, pasando de la ética protestante del sacrificio en el trabajo, a la ética hacker fundada en la cretividad, la libertad y la pasión en el trabajo. Y el oGov tiene que ver también con el cambio de rol de la ciudadanía, pasando del voto esporádico a la implicación activa en los asuntos de la comunidad.

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